martes, 17 de enero de 2012
"-Tú no sabes nada de pintura, pero intuyo que sabes mucho de soledad. Te gustan mis bigotes, te gusta la cerveza, te gustan tus pies, te gusta el respeto, te gustan tus amigas o compañeras o camaradas, la banda o grupo o pandilla, el pelotón que te vio rezagada hablando con una tía buena a la que no conocías, y no te gusta el desorden, no te gustan los racistas, no te gustan los homofóbicos, no te gusta que te falten el respeto, no te gusta que te quiten el sitio. En fin, son tantas las cosas que te gustan que en el fondo te pareces a mí. Nos acercamos, tú y yo, desde los extremos del túnel, y aunque lo único que vemos son nuestras siluetas seguimos caminando resueltamente hacia nuestro encuentro. En la mitad del túnel por fin podrán nuestros brazos entrelazarse, y aunque allí la oscuridad es tan grande que no podremos contemplar nuestros rostros, sé que avanzaremos sin temor y que nos tocaremos la cara (yo lo primero que te tocaré será el culo, pero eso también es parte de mi deseo de conocer tu rostro), palparemos nuestros ojos y pronunciaremos acaso una o dos palabras de reconocimiento. Entonces me daré cuenta (entonces podría darme cuenta) de que no sabes nada de pintura, pero sí de soledad, que es casi lo mismo."
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